¿Por qué temer a la muerte?

¿Por temer a la muerte? Hacia una educación tanatológica

 Dr. Juan R. Mejías Ortiz

Introducción

          En la actualidad el estudio de la muerte o tanatología ha avanzado en comparación a décadas anteriores. Aun así, para muchos la muerte sigue siendo un tabú, un castigo o una maldición que debe enfrentar todo ser viviente. Esto mitos seguirán latentes en la cultura moderna mientras la educación sobre la muerte siga ausente de nuestras instituciones educativas incluyendo la iglesia. En la sociedad postmoderna, que algunos paradójicamente identifican como «la cultura de la muerte» por su alta incidencia de violencia producto principalmente por la desigualdad social, persiste una visión borrosa de este evento natural. Muchas personas consideran a la muerte como una amenaza. Esto hace del simple hecho de hablar de la muerte causa para el florecimiento del temor y la ansiedad. Se define la ansiedad como un «estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo.»[1] La ansiedad descontrolada que produce el tema de la muerte o el morir se conoce como «tanatofobia». Por eso es un tema que usualmente se evita.

          El mundo moderno se distingue de las civilizaciones anteriores por los grandes avances en la ciencia médica. La utilización de nuevos artefactos tecnológicos en la curación y prevención de enfermedades, los nuevos tratamientos médicos y los enfoques muerte tunel (2)más recientes en el cuidado de la salud pública ha provocado un incremento en la expectativa de vida en muchos países. De hecho, lugares como Mónaco, Japón, Singapur y Macau, China la expectativa de vida ronda cercano a los 90 años. En Puerto Rico, en el 2015 la expectativa de vida fue estimada en 79.4 años, un incremento considerable en comparación a los 46 años registrada en 1940. Esto ha hecho que la población de la tercera edad se haya triplicado en los últimos años. Actualmente cerca de 23.3% de la población en la isla tiene 60 años o más. Las proyecciones miran a que en el año 2030 este sector poblacional ocupará el 30.4% de la población local hasta llegar al 37.2% en el 2050.[2]

El miedo y ansiedad ante la muerte

          No resulta paradójico observar que mientras la ciencia médica dedica todo su esfuerzo para evitar o retrasar al máximo el evento de la muerte, el miedo de morir continua latente en la mente de muchas personas. Comenta la Dra. Elizabeth Kübler-Ross «Cuantos más avances hacemos en la ciencia, más parecemos temer y negar la realidad de la muerte.»[3] Dicho de otra manera, en el mundo postmoderno morir no es una opción. Culturalmente se enseña a evitar la muerte o al menos retrasarla lo más posible. De ahí que se emplean todos los medios clínicos posibles para alargar la vida. Incluso, en ocasiones resistimos dejar morir con dignidad a un ser amado prolongando su vida aun por medios artificiales. Otros enfrentan el tema de la muerte haciendo uso del arsenal que ofrecen la ironía, el sarcasmo y el humor. Recuerdo una canción famosa que grabó el Gran Combo de Puerto Rico titulada «Acángana» cuyo énfasis en vivir con intensidad el momento presente queda justificado con la frase «Después de muerto no se puede gozar». Claro la ironía inmersa en la canción evidencia la manera en que las sociedades no educadas en el tema miran el evento de la muerte. Basta con ir a un funeral para escuchar los mitos, chistes y creencias irracionales acerca del morir. ¡Cuidado, no firme la hoja de visita, por ahí comienza a llamar la «pelona»! En la iconografía la mayoría de las representaciones de la muerte contienen elementos oscuros y funestos que alimentan el miedo a educar acerca de la muerte.

          Elizabeth Kübler-Ross sostiene que aun con el avance en la investigación de la muerte trazados por la tanatología el miedo a morir continua latente tanto en la cultura como en la mente de los ciudadanos. Comenta que todavía la muerte sigue siendo entendida como un evento terrible y aterrador. De esta manera el miedo a la muerte se sitúa en el ámbito universal. Incluso, no faltaría quien ante la incapacidad de comprender la naturalidad de la muerte la asocie únicamente con un acto de maldad, un hecho aterrador cometido por otra persona. De esta manera surge la idea inconsciente de correlacionar la muerte con el arrebato de la vida en lugar de un evento propio de todo ser vivo. Alega la pionera en el estudio de la muerte que los cambios surgidos en los últimos años se relacionan más con la manera en que el ser humano ha aprendido a enfrentar su propia muerte, al hecho innegable de morir y al acercamiento a los pacientes moribundos que a una comprensión saludable de la muerte.[4]

          Sin lugar a duda, el tema de la muerte sigue siendo motivo de alarma para gran parte de la población. La iglesia no es la excepción. Todos estaremos de acuerdo en concebir la vida como un ejercicio de aprendizaje continuo. Como parte del cúmulo de experiencias de todo ser vivo se encuentra nacer y morir. En la especie humana se añade el tejido de las relaciones interpersonales que motivan la formación de la familia. Es impostergable la necesidad de considerar a la muerte como lo que es, parte del regalo de la vida. Para esto hay que identificar y trabajar con las visiones erradas sobre la muerte que causan miedo y ansiedad.

          El miedo, la ansiedad y la consideración de la muerte como amenaza son obstáculos que inhiben el entendimiento correcto de morir. El antropólogo cultural Ernest Becker plantea que las personas que presentan ansiedad con el tema de la muerte recurren a la negación del evento como un mecanismo para mantener bajo control su estado emocional. Ante esta realidad, la sociedad está obligada a jugar un papel determinante en la disminución de la ansiedad ante la muerte. Sin embargo, el camino ha sido calmar la ansiedad adornando el enfrentamiento con la muerte. Esto ha llevado a la adoptación de todo un sistema sociocultural, como las funerarias, los ritos, las homilías, entre otros que sirven de ansiolíticos sociales que ayudan a controlar la tensión que causa el desafío de la muerte.[5]

          Algunas de las causas que provocan la ansiedad al tema de la muerte y el morir son:

  1. La deshumanización de los cuidados paliativos a los que se enfrenta el paciente moribundo o la despersonalización en el cuidado del paciente (Elizabeth Kübler-Ross). Indica Robert Kastenbaum que una de las consecuencias de la prolongación de la vida por medio de la medicalización del proceso de muerte es el aislamiento y deshumanización de los moribundos. Comenta que la «tiranía de la tecnología» fomenta que en el lecho de muerte las personas se vean rodeadas de máquinas en cuartos especializados de cuidados intensivos ausente de sentimientos en lugar de morir en su hogar junto con sus familiares y amistades.[6]
  2. El miedo a lo desconocido incluyendo el estado final del cuerpo.
  3. El temor por rendir cuentas por los errores cometidos ante algún ser superior como parte del Juicio Final. Este es un tema muy propio de las religiones en especial del cristianismo. (Philippe Ariès discute el tema cuando explica el concepto «la muerte del yo» en su obra la «Historia de la muerte en Occidente. Desde la Edad Media hasta nuestros días»).
  4. El miedo al dolor y a la prolongación de un estado de vida indigno marcado por el sufrimiento corporal y la frialdad hospitalaria.
  5. El temor a perder la autonomía y la autodeterminación que arrastre a la persona a pensar que es una carga para el resto de la familia.
  6. La separación definitiva de los seres queridos. (Philippe Ariès discute el tema cuando explica el concepto «la muerte del otro»).
  7. El síndrome del mundo malo auspiciado principalmente por los medios de comunicación masivo cuando manejan el tema de la muerte de una manera nociva e insalubre.

La muerte como un sueño

          En la mitología griega la diosa Nix o Nyx era la deidad que gobernaba sobre la noche. Narra uno de los mitos griegos que Nix engendró, sin la participación de una deidad masculina, varios hijos e hijas. Entre sus proles se encuentran los gemelos Thanos e Hipnos, las hermanas Keres, Geras, entre otros. Thanos, personifica la muerte no violenta mientras su gemelo Hipnos es el sueño. Por su parte, las Keres son la personificación de la muerte violenta y Geras de la vejez. De esta manera se va relacionando la vejez con la muerte y a la muerte con el dormir. En la mitología griega tanto la muerte como el sueño proceden del vientre de la noche que sirve de representación del ocaso de la vida. De ahí que muchas culturas visualizan a la muerte con un estado en donde la persona duerme. Esta idea se usa como herramienta social para lidiar con la ansiedad que produce la inevitabilidad, universalidad e irreversibilidad de la muerte. De ahí los ritos de embalsamar, maquillar al cadáver con el fin de dar la impresión de que solamente duerme. Ver la muerte como un periodo prolongado de sueño es un concepto común en las religiones.

          El Dr. Robert J. Kastenbaum señala que la religión de alguna manera influye en la manera en que se percibe la vida y la muerte.[7] Comenta Kastenbaum que la religión cristiana del primer siglo consideraba a la muerte como una especie de estado en donde la persona duerme pacíficamente.[8] En términos teológicos se profesa que el muertoVida-despues-de-la-muerte duerme mientras espera ser levantado nuevamente a la vida por Dios. Por ejemplo, en el evangelio de Marcos (Mr 5.35-43) se presenta la muerte de una adolescente de doce años. El cuadro bíblico narra incluso la manifestación del duelo comunitario ante la muerte de la hija de uno de los jefes de la sinagoga. Ante el duelo de la familia Jesús responde «La niña no está muerta, sino dormida» (Mr 5.39b.). Por su parte, el apóstol Pablo contestando la pregunta de la comunidad acerca de la muerte y el retraso de la venida de Jesús contesta «tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (1 Tes 4.13a) …, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (1 Tes 4.14b) …, que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron (1 Tes 4.15)». De esta manera la iglesia reformuló la doctrina de la muerte como un sueño profundo en espera de la resurrección de los muertos como herramienta para lidiar con la ansiedad que producía la muerte de los miembros de la naciente religión.

          Melba Sánchez Ayéndez en su trabajo «La muerte: aspectos sociales y éticos contemporáneos» comenta que Kastenbaum reagrupa los temores y ansiedades más comunes ante la muerte y el proceso de morir en tres categorías generales. Estas son: (1) el misterio de lo que sucede después de la muerte; (2) el miedo al proceso de morir; y (3) la ansiedad a la pérdida de la vida.[9] Cada una presenta una serie de ramificaciones que describen los miedos más habituales que conducen a conceptualizar la muerte como una amenaza en lugar de un evento natural al que todos seremos expuestos.

Conclusión

          La superación de la contemplación de la muerte como una amenaza es asunto de todas y todos los profesionales y de la salud y del cuidado del paciente, los tanatólogos y las tanatólogas, los trabajadores y las trabajadoras sociales, los ministros (pastores y pastoras) o sacerdotes y profesionales de apoyo al cuidado del moribundo. La educación sobre la muerte es vital para el desarrollo de un entendimiento claro y transparente de este proceso natural. La vida es la pertenencia más sagrada. Parte del don maravilloso que Dios le ha otorgado al ser humano se encuentra nacer, establecer lazos afectivos con otros seres humanos y con el planeta como nuestra casa grande para finalmente morir. Para los creyentes en la fe en Jesucristo la muerte no representa el final. Por el contrario, es la puerta para una nueva existencia en Dios. Es por lo que el apóstol Pablo proclama «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1 Co 15.55). Así que debemos continuar con el esfuerzo educativo que conduce a entender la muerte como parte indisoluble de la vida. Un evento natural. Para alcanzar este logro, es altamente necesario que las instituciones educativas formales, así como el hogar, comiencen a educar en favor de la naturalización de la muerte y el morir. De la misma manera debemos recuperar la dignidad del paciente en los procesos de morir. Esto producirá que la próxima generación se ocupe de alejar del repertorio social la ansiedad a morir como resultado de la valoración de la dignidad de la muerte.

[1] Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 23 ed. (España: RAE, 2014).

[2] Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada, Perfil de la población de edad avanzada: Puerto Rico y el Mundo (San Juan, PR: ELAPR, 2016).

[3] Elizabeth Kübler-Ross, Sobre la muerte y los moribundos. 4ta. Ed. (Barcelona, España: Ediciones Grijalbo, 1993), 21.

[4] Elizabeth Kübler-Ross, 15-18.

[5] Robert Kastenbaun, ed., Macmillan Encyclopedia of Death and Dying Vol. 1 (New York, NY: Macmillan Reference USA, 2003), 30.

[6] Robert Kastenbaun, ed., 229-230.

[7] Robert J. Kastenbaum, Death, Society and Human Experience 11th ed. (New York, NY: Routledge, 2016), 22.

[8] Kastenbaum, 6.

[9] Melba Sánchez Ayéndez, La muerte: Aspectos sociales y éticos contemporáneos. (San Juan, Puerto Rico: Editorial Plaza Mayor, 2007), 31-32.

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