Principios rectores que sustentan la comprensión de la función de la educación cristiana

Por: Dr. Juan R. Mejías Ortiz

          En el Proyecto Educación Cristiana para el Siglo XXI, se proponen los siguientes principios rectores que deben sustentar la comprensión de la función de la educación cristiana:

  1. Todo seguidor y toda seguidora de Jesús tiene derecho a una educación cristiana integral, innovadora y auténtica que propenda al pleno desarrollo y respeto de sus capacidades sociales, cognoscitivas, motoras, emocionales, morales y espirituales.

  2. Una aproximación a la educación cristiana encuentra su raíz en la revelación de Dios, centrada en la persona de su hijo Jesucristo y su enseñanza acerca del Reino de los cielos, consecuente con el testimonio de las Sagradas Escrituras Cristianas, y la iluminación y acción del Espíritu Santo en la vida de la comunidad de creyentes.

  3. La formulación de una filosofía de la educación cristiana que permita identificar las fuentes, los rasgos distintivos y los supuestos teóricos de la pedagogía de Jesús con la idea de adoptar modelos de enseñanza que susciten la vida centralizada en los valores del Reino, la creatividad y la transformación social.

  4. Los esfuerzos curriculares y metodológicos, el currículo operacional que tiene lugar en cada escenario educativo, debe motivar, inspirar y ser fuente para vivir la alegría del Evangelio en comunidad.

  5. La promoción del aprendizaje auténtico en sintonía directa con las necesidades e intereses de las estudiantes y los estudiantes, a la luz de sus realidades socioculturales, físicas, mentales y espirituales, que ocasione el alcance de una conciencia crítica que consienta la superación de los poderes coercitivos de la creatividad humana, centrados en la memorización y mecanización de los procesos de aprendizaje.

  6. La adopción de métodos de evaluación que permita la reflexión en torno a la práctica educativa y descubrir cuán efectivos son los modelos de enseñanza y aprendizaje que se siguen en el ámbito eclesial.

  7. La planificación de actividades instruccionales orientadas al proceso de humanización en donde cada participante descubra, por medio de la reflexión personal y colectiva, sus facultades cognoscitivas y espirituales inspiradas por el conocimiento bíblico y teológico que libera al ser humano de los mitos culturales, las ataduras dogmáticas, las ideologías exclusivas que desclorofilan el impreso de la imagen divina que posee.

  8. La apropiación de un repertorio metodológico encausado a la reflexión y a la praxis educativa que avive el compromiso en favor de la transformación de la sociedad asidos por los valores del Reino de Dios caracterizados por la libertad, la solidaridad, la justicia, la esperanza, la paz, el bienestar común, el respeto a la diversidad, el cuidado del planeta y sobre todo el amor.

  9. El estudiante y la estudiante tiene el derecho al riesgo de la pregunta; a la pregunta que incite el inquirir y la respuesta creativa, al descubrimiento que estimule la avidez de conocer, de conquistar las fronteras de la curiosidad que le conduzcan al discernimiento de las ideas e incluso a la autoevaluación de sus propias respuestas.

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